

Allí los enfermos de lepra con minusvalías importantes trabajan con máquinas adaptadas a sus manos y pies deformados. Es la única forma de participar en el mercado laboral y ganar un poco de dinero. Los talleres no son del todo rentables, y por esta razón reciben una subvención.
Últimamente JAL construyó una guardería anexa para que las mujeres con bebés y niños de corta edad puedan seguir trabajando y no tengan que preocuparse de los niños, lo que les da mucha seguridad.